La muerte no puede ser de color verde ni llevarse tu nombre ni ninguna de tus siete letras que tanto quiero. Debería estar muy ocupada revisando guerras y hambrunas, nunca distraída, siempre vigilante.

La muerte, escondida tras cualquier cortina o chimenea, debería cansarse esta noche para no verte y dejarte descansar.

Le compraré un laberinto, a la muerte, y la encerraré con candado, para que no encuentre el camino, menos la salida. Hoy el verde no es su color.

©fdL2010